14/05/2017
CINE

Como si te abrieran el pecho

Un director iraní ganó este año su segundo Óscar, como antes lo hicieron colegas de la talla de Fellini, Bergman y Kurosawa. Por otro lado, dos hermanos israelíes cierran su trilogía acerca del rol de la mujer en su país.
Como si te abrieran el pecho
Autor : Federico Puisegur

Esta no es una columna acerca del amor, sino sobre su fin. Claro que para que algo acabe debe, en primer lugar, haber sido. Infinidad de autores se han exigido definiciones almibaradas, y otros tantos descripciones abrazadas por un pesimismo melancólico, como Neil Gaiman en la novela gráfica The Sandman: “¿Has estado alguna vez enamorado? ¿Horrible, no? Te hace tan vulnerable. Es como si te abrieran el pecho y el corazón, y alguien se metiese adentro a revolver todo”.

El iraní Asghar Farhadi ganó su segundo Óscar este año por El viajante. Pocos directores no estadounidenses alcanzaron ese logro, y la reducida lista incluye a Fellini, Bergman y Kurosawa. Casi nada. Farhadi no fue a recibir su premio como forma de protesta contra las medidas migratorias de Trump, que perjudicaban, entre otros, a sus compatriotas. Envió para suplantarlo al ingeniero y astronauta iraní estadounidense, Anousheh Ansari, como forma de enrostrarle al POTUS que el talento no tiene nacionalidad.

Su primer premio fue en 2011 por otra pequeña joya titulada Una separación. Con sus diferencias, las dos películas tienen puntos en común: son relatos de hechos cotidianos y decisiones domésticas que preceden y originan grandes tragedias. Una grandeza que se erige en torno de silencios y gestos antes que en un guión subrayado.

Dos matrimonios encabezan sendas historias; como lo dice su título, Una separación es sobre el fin de uno de ellos, mientras que en El viajante una pareja es puesta a prueba por un ataque que sufre la mujer. Es una agresión que se supone sexual, sobre todo por lo que no se dice, por la mirada del marido y las miradas sobre él de amigos y vecinos, pero cuya naturaleza nunca se manifiesta.

Uno de los flancos contra los que Farhadi apunta es el rol de la mujer. Nada explícito. Opta por mostrar con sutileza y no a tirarnos con el panfleto. También expone a sus personajes con reacciones que ningún espectador puede predecir. Pertenecen a una clase media que no sufre apuros económicos, cuya educación se asienta sobre una base sólida, pero que “en determinadas circunstancias reacciona de forma tradicional y retrógrada”, dice el director.  

 

El personaje sin nombre de Elegía, la novela de Philip Roth, asegura dejar a su esposa sólo para “eliminar de su mente los desagradables pensamientos engendrados por el oprobio de la prolongada guerra conyugal”. Algo similar le sucede a Viviane Amsalem en Gett, trabajo de los hermanos Ronit y Shlomi Elkabetz que forma parte de un trilogía que retrata la vida de la mujer israelí.

Filmada entre las salas de audiencias y de espera, Gett muestra como Viviane pasa años ante un tribunal rabínico tratando de divorciarse de un hombre que ya no ama. Lo absurdo del proceso, al menos para nosotros, tan occidentales y civilizados, lo determina la negativa del marido a otorgarle el divorcio y la impotencia y desidia de la justicia hebrea. 

La protagonista persevera y lucha con tesón, tira de la cuerda hasta que hace estallar la paciencia de magistrados tan reaccionarios que considerarían justo el 2x1 para genocidas. Viviane, como la doña Soledad de Zitarrosa, quiere querer pero no puede poder, y advierte pronto que la ley es a la justicia lo que la medicina a la inmortalidad.

En una entrevista, Farhadi dijo que en sus películas sus compatriotas “pueden ver la representación de las mujeres iranís como algo normal, pero los espectadores extranjeros pueden sorprenderse porque tienen un preconcepto de mujer iraní no como mujeres fuertes y activas, y es posible que una de las razones por las cuales la mujeres son fuertes es porque esa es su respuesta a las limitaciones que deben enfrentar”.

La Viviane de los Elkabetz no es iraní, pero es una de esas mujeres, grita a los jueces: “¿cuando me verán?!” “¿por qué me hacen correr en círculos?”, y, al mismo tiempo, contradice a Gaiman. A ella le abrieron el pecho y revolvieron su interior, pero nunca nadie podrá decir que es vulnerable.

Neuquén Al Instante

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