Alejandra, la guía que interpreta el norte neuquino a través del territorio
Alejandra Parada convirtió su amor por el entorno del norte neuquino en una vocación: interpretar el territorio, guiar a quienes lo visitan y cuidar la esencia agreste de lugares únicos como Colomichicó.
Hay historias que nacen casi sin darse cuenta, como una semilla que se planta en la infancia y con el tiempo encuentra su lugar para crecer. Algo así ocurrió con Alejandra Parada, prestadora habilitada por el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales como guía de montañismo – trekking grado I y guía de sitio de Colomichicó, quien desde hace años recorre senderos del norte neuquino acompañando a visitantes que llegan en busca de paisajes y experiencias auténticas.
Su emprendimiento se llama “Nortrekk – interpretando el norte neuquino”, y el nombre no es casual. Para ella, guiar no es solo caminar junto a otros, sino abrir una puerta a la comprensión del territorio. “El guía sería como el mediador entre la persona que llega a visitarnos y el paisaje, el entorno. Cuando tenés al guía intérprete al lado, ya le das otro sentido: todo cobra importancia”, explica.
Antes de dedicarse de lleno al turismo, Alejandra era maestra de escuela primaria. Enseñaba Ciencias Sociales y Lengua, y desde el aula empezaba a aparecer su verdadera vocación. “Yo era ´seño´ y siempre estaba organizando campamentos con los ´profes´ de educación física. Los hacíamos bastante educativos, no solo actividad física, sino también interpretación del paisaje, la flora y la fauna del lugar. Ya estaba ahí como la semillita, desde chiquita”, recuerda.
Aquellos campamentos escolares fueron el primer paso de un camino que después se transformó en profesión. Su vínculo con la naturaleza, la historia y la cultura del norte neuquino se fue fortaleciendo con el tiempo, hasta que decidió profundizar esa pasión y convertirla en una forma de vida.
Gran parte de su formación llegó gracias a propuestas impulsadas desde el Estado provincial. “Mi primer curso de guía del norte neuquino lo hice antes de los veinte años. Lo dio la provincia y fueron casi doscientas horas. Después seguí con formaciones de trekking, arte rupestre, socorrismo y muchos cursos más”, cuenta.
Con el paso de los años sumó capacitaciones vinculadas al montañismo, orientación, cuerdas y seguridad en terreno. También realizó la tecnicatura en Gestión del Turismo dictada por la Universidad Nacional del Comahue junto a centros de formación profesional, además de estudios vinculados a agencias de viajes. Todo ese recorrido fue construyendo la base de su trabajo actual.
“Como en la docencia, cuando siento que me falta algo para poder hacer mejor mi trabajo, voy y hago el curso. Todo lo que me capacité para ser guía lo fui aprovechando de lo que ofrecía la provincia, la universidad o lo que podía hacer por mi cuenta”, explica.
Pero hay algo que ningún curso puede enseñar: la conexión con el lugar. Alejandra nació en el norte neuquino y siente que ese origen marca la diferencia cuando acompaña a los visitantes. “El hecho de ser nativa de la zona ya te da un hilo conector con el lugar. Uno trata de transmitir esa conexión que tiene con el paisaje donde nació”, dice.
Ese vínculo profundo se vuelve evidente cuando habla de Colomichicó, uno de los sitios de arte rupestre más importantes de América por la concentración de grabados que alberga. Un lugar que todavía guarda misterios y despierta emociones en quienes lo visitan.
“Es caminar por uno de los lugares con mayor concentración de grabados de América Latina. Para nosotros y para los arqueólogos todavía es un misterio qué nos quieren decir, porque son motivos muy abstractos y repetitivos, como si fueran un mensaje”. La experiencia va mucho más allá de la mirada científica. “Es muy místico si se quiere. Tenés que vivirlo. Cuando estás llegando se te eriza la piel”, asegura Alejandra.
Mientras acompaña a visitantes por senderos de montaña, cañadones o sitios arqueológicos, Alejandra también piensa en el futuro del norte neuquino. Sueña con un turismo que crezca, pero que no pierda su esencia: “Mi sueño sería que podamos planificar bien cómo recibir a los turistas para evitar la masificación y que el turismo no se vuelva un trámite. El norte neuquino siempre se destacó por su virginidad, por su carácter agreste, y sería lindo que podamos mantenerlo”, concluye, con la convicción de quien encontró en el paisaje no solo un trabajo, sino una forma de contar el mundo.
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