Un nuevo paso hacia la descarbonización de la industria aérea en América Latina
La empresa Latam realizó vuelos chárter de pasajeros entre Santiago de Chile y Ushuaia con combustible sostenible.
La industria aeronáutica en América Latina dio un nuevo paso hacia la descarbonización con el anuncio de LATAM Airlines Group, que concretó sus primeros vuelos chárter de pasajeros con uso de Combustible Sostenible de Aviación (SAF), en una operación que marca un precedente en la relación entre aerolíneas y clientes en la reducción de emisiones.
La iniciativa, desarrollada junto a la compañía francesa de turismo de expedición PONANT EXPLORATIONS, consistió en 13 vuelos entre Santiago de Chile y Ushuaia y permitió evitar la emisión de 160 toneladas de dióxido de carbono mediante el uso de 22.400 galones de SAF. Se trata del primer proyecto de estas características para vuelos chárter de pasajeros impulsado por LATAM en colaboración con un cliente, lo que abre una nueva línea de acción dentro del negocio aéreo.
El combustible empleado, Neste MY SAF™, puede reducir las emisiones hasta en 74,72% respecto al queroseno convencional, según cálculos basados en la metodología internacional CORSIA de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Este esquema permite comparar las emisiones de ciclo de vida del combustible sostenible frente al Jet A-1 tradicional y contabilizar los beneficios ambientales de su uso.
El SAF, eje de la transformación del sector
El Combustible Sostenible de Aviación (SAF) se posiciona actualmente como la principal herramienta para reducir la huella de carbono del transporte aéreo. Se trata de combustibles producidos a partir de materias primas renovables o residuos —como aceites usados o biomasa— que pueden disminuir las emisiones de COâ en hasta un 80% durante todo su ciclo de vida.
A diferencia de otras soluciones tecnológicas aún en desarrollo, como la electrificación de aeronaves, el SAF tiene una ventaja clave: es un combustible “drop-in”, es decir, puede utilizarse en los aviones actuales sin modificar motores ni infraestructura. Por esta razón, organismos como la OACI consideran que tiene el mayor potencial para impulsar la descarbonización del sector aéreo en el corto y mediano plazo.
El rol del modelo “Book and Claim”
Uno de los aspectos innovadores de la operación de LATAM fue el uso del modelo “Book and Claim”, un sistema que permite a empresas y clientes financiar SAF y reclamar la reducción de emisiones incluso si el combustible se utiliza en otro punto de la red aérea.
Este mecanismo, cada vez más adoptado en la industria, busca superar uno de los principales obstáculos del SAF: su limitada disponibilidad geográfica y alto costo. Mediante certificados verificables, las compañías pueden asignar beneficios ambientales a sus operaciones, incentivando la demanda y escalando el mercado.
Turismo sostenible y nuevas alianzas
La participación de PONANT EXPLORATIONS no es casual. La empresa, especializada en turismo de expedición de alta gama —incluidos viajes a la Antártida desde Ushuaia— ha desarrollado una estrategia centrada en la reducción de emisiones y la investigación científica en ecosistemas sensibles. Este tipo de alianzas refleja una tendencia creciente: el compromiso ambiental se está convirtiendo en un criterio de valor para viajeros y operadores turísticos.
La conexión entre Santiago y Ushuaia, puerta de entrada a destinos polares, refuerza además el vínculo entre aviación y turismo sostenible, en un segmento donde la presión por reducir el impacto ambiental es cada vez mayor.
Un desafío global aún sin resolver
Pese a los avances, el uso de SAF enfrenta importantes limitaciones. Actualmente, representa una porción mínima del consumo total de combustible en la aviación, debido a su alto costo y baja disponibilidad, factores que dificultan su adopción masiva. La industria estima que su expansión requerirá coordinación entre gobiernos, aerolíneas y productores, además de inversiones sostenidas en tecnología y producción.
En un contexto donde la aviación representa alrededor del 2,5% de las emisiones globales de COâ, iniciativas como esta funcionan como pequeñas grietas en una estructura intensiva en carbono. La dirección está clara, pero el camino —como el vuelo— aún exige altura, coordinación y tiempo.
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