martes 30 de junio de 2026

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Marcela Galarza, la cordobesa que encontró su destino y amor entre el arte rupestre y el norte neuquino

Llegó a Chos Malal hace 25 años para formar una familia y terminó encontrando una nueva vocación. Profesora de inglés, apasionada por el senderismo y guía del Parque Arqueológico Colomichicó, Marcela invita a descubrir uno de los patrimonios arqueológicos más importantes de Sudamérica.

Marcela Galarza, la cordobesa que encontró su destino y amor entre el arte rupestre y el norte neuquino
martes 30 de junio de 2026

El amor fue el motivo que trajo a Marcela Galarza desde San Francisco, Córdoba, hasta Chos Malal en 2001. Allí, junto a su esposo -nacido y criado en el norte neuquino- construyó su hogar y formó una familia con sus dos hijas. Con el paso de los años, ese cambio de vida también la llevó a descubrir una pasión inesperada: interpretar y compartir la riqueza natural, cultural e histórica del Alto Neuquén.

Hoy es guía de sitio del Parque Arqueológico Colomichicó, un espacio único que resguarda miles de petroglifos realizados hace entre 3.000 y 5.000 años por los antiguos habitantes del territorio. Sin embargo, el camino hasta llegar allí comenzó mucho antes.

Mientras estudiaba el profesorado de inglés en Córdoba, trabajó en hoteles de cuatro estrellas y fue docente en escuelas de turismo y hotelería. Esa experiencia la acercó desde muy joven a la actividad turística, aunque nunca imaginó que años después sería el paisaje neuquino el que terminaría marcando su rumbo.

“Siempre pensamos con mi pareja en recibir viajeros en nuestra chacra”, cuenta. Ese proyecto todavía espera hacerse realidad, pero mientras tanto encontró otra forma de abrir las puertas del norte neuquino.

Todo comenzó como un hobby. Su fascinación por las montañas y el senderismo la llevó a recorrer una y otra vez los caminos del Alto Neuquén. Con cada salida descubría nuevas historias y paisajes, hasta que decidió capacitarse para transformar esa pasión en una profesión.

Realizó la diplomatura en Geoturismo de la Universidad Nacional de Río Negro, luego el curso para habilitarse como guía en Colomichicó, continuó con una formación en turismo arqueológico y actualmente sigue especializándose en senderismo y astroturismo.

Como muchos emprendedores turísticos, debió asumir desafíos económicos. La inversión inicial en seguros, licencias y habilitaciones fue importante y recién durante la última temporada logró cubrir esos costos. Aun así, nunca dejó de apostar por una actividad que disfruta profundamente.

Marcela asegura que el Alto Neuquén posee una belleza difícil de igualar. Entre sus paisajes favoritos menciona el instante en que, por la Ruta Provincial 43, aparece la Cordillera del Viento al llegar al paraje El Alamito. Y en el regreso, la imponente figura del volcán Tromen, generalmente adornado por nubes, ofrece otra de esas postales que nunca dejan de sorprender.

Para ella, el encanto del norte neuquino también está en su gente, en la calidez de los pobladores, en los cielos límpidos y en senderos agrestes que invitan a descubrir lugares diferentes. Pero si hay un sitio capaz de resumir toda esa riqueza es Colomichicó.

Antes de llegar al parque, el recorrido ya anticipa una experiencia distinta. El camino atraviesa algunos de los paisajes más representativos del norte neuquino hasta desembocar en uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes de Sudamérica.

Allí, las piedras conservan el legado de pueblos que habitaron la región hace miles de años. Para Marcela, cada visita es una oportunidad para imaginar cómo vivían, qué recorridos realizaban durante la trashumancia y qué significan los símbolos que dejaron grabados sobre las rocas.

“La idea es tratar de descifrar e imaginarnos el recorrido que hacían, la estacionalidad de su paso por ese sector y qué querían representar con esos dibujos”, explica.

El entorno completa la experiencia. Desde el cerro donde se encuentra el parque se obtiene una vista panorámica de la Cordillera del Viento, el volcán Domuyo y la Cordillera de los Andes. Durante la temporada de apertura, además, es habitual cruzarse con los piños de crianceros trashumantes que avanzan hacia las veranadas, una imagen que mantiene viva una tradición centenaria del norte neuquino.

Su dominio del idioma inglés le permite ofrecer recorridos a visitantes extranjeros y acercarles la historia del lugar en su propio idioma. Ahora busca sumar nuevas propuestas vinculadas al astroturismo, aprovechando los cielos oscuros y la escasa contaminación lumínica que caracterizan a la región.

Marcela también destaca el acompañamiento del Estado a través de las capacitaciones, los cursos de primeros auxilios y rescate en áreas agrestes, además del apoyo técnico para obtener habilitaciones. Considera que seguir fortaleciendo la infraestructura, los servicios y la conectividad será clave para consolidar el crecimiento turístico del norte neuquino.

Después de 25 años en Chos Malal, aquella cordobesa que llegó para formar una familia encontró también una misión: caminar las montañas, interpretar las huellas del pasado y lograr que quienes visiten Colomichicó regresen con una mirada diferente sobre la historia y la identidad del Neuquén.

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