La Capilla Virgen de Luján de Naunauco, un refugio de fe muy cerca de la Ciudad Encantada
En lo profundo del norte neuquino, donde las montañas abrazan pequeñas comunidades rurales y la historia se funde con la espiritualidad, este templo conserva vivo el legado de los misioneros salesianos que marcaron la identidad del Alto Neuquén.
A los pies del imponente cerro Naunauco, a pocos kilómetros de Chos Malal, el silencio de la Patagonia encuentra un lugar donde la espiritualidad, la historia y la naturaleza dialogan desde hace más de siete décadas. Allí se levanta la Capilla Virgen de Luján, un espacio que forma parte del patrimonio religioso del norte neuquino y que se integra al desarrollo del Camino de la Fe, el corredor turístico de unos 800 kilómetros que conectará más de 40 espacios religiosos desde el paraje Ailinco hasta Villa La Angostura.
Construida en 1953 por iniciativa del padre Pedro Rotter, la capilla nació gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad y de los camioneros que transitaban la región, quienes colaboraron con la obra. Fue el propio sacerdote quien llevó hasta Naunauco la imagen de la Virgen de Luján desde Bahía Blanca, convirtiéndola desde entonces en un símbolo de encuentro, esperanza y protección para las familias del lugar.

Su historia es también la historia de los misioneros salesianos que recorrieron el Alto Neuquén llevando mucho más que el mensaje religioso. En estas tierras dejaron una profunda huella social y cultural sacerdotes como Domingo Milanesio, conocido como “Patiru Domingo”; Marcelo P. Gardin; Florindo Zandonella; Mateo Gavotto; Bartolomé Panaro, primer párroco de Chos Malal; y Pedro Martinengo. Ellos impulsaron la construcción de capillas, promovieron valores de solidaridad y trabajo, y acompañaron el crecimiento de las comunidades rurales que se fueron consolidando junto con las familias chilenas llegadas a la histórica Colonia Malbarco.
Visitar Naunauco es descubrir un paisaje donde la inmensidad de las montañas parece custodiar cada historia. La pequeña comunidad rural, ubicada en el departamento Ñorquín, mantiene viva su identidad criancera, dedicada principalmente a la producción caprina y bovina.
El paraje, situado a unos 996 metros sobre el nivel del mar, se encuentra rodeado por el majestuoso cerro Naunauco, cuya cumbre supera los dos mil metros de altura y domina el horizonte del norte neuquino.
El acceso por la ruta nacional 40 y las rutas provinciales 29 y 4 permite llegar a un rincón donde el ritmo cotidiano transcurre entre el trabajo rural, la tranquilidad del paisaje y una profunda tradición comunitaria que encuentra en la capilla uno de sus principales puntos de encuentro.
Pero Naunauco también despierta la imaginación de quienes recorren la región. Muy cerca se encuentra el escenario de una de las leyendas más conocidas del norte neuquino: la mítica Ciudad Encantada de Taquimilán. Desde hace generaciones, pobladores y viajeros aseguran que, durante algunos amaneceres y atardeceres -especialmente en otoño e invierno-, puede observarse en la base del cerro un misterioso pueblo que aparece por unos instantes y luego desaparece por completo. Calles, viviendas e incluso figuras humanas forman parte del relato que alimenta uno de los mitos más fascinantes de la Patagonia.
Esa combinación entre espiritualidad, historia, naturaleza y tradición convierte a Naunauco en una parada singular dentro del futuro Camino de la Fe. Cada capilla del corredor expresa una parte de la identidad neuquina, y la de Naunauco representa el vínculo profundo entre las comunidades rurales y el legado de quienes hicieron de la solidaridad una forma de construir territorio.
Recorrer este camino es mucho más que visitar templos. Es adentrarse en la memoria viva del Alto Neuquén, conocer las historias que dieron origen a sus pueblos y dejarse sorprender por paisajes que invitan tanto a la contemplación como al encuentro con las raíces culturales y espirituales de la provincia. La Capilla Virgen de Luján de Naunauco permanece allí, sencilla y serena, recordando que la fe también se escribe en los caminos, en las montañas y en la memoria de quienes hicieron de este rincón patagónico un lugar de pertenencia y esperanza.
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