Farmacéuticos se pelearon por los turnos y uno deberá indemnizar a otro por romper la vidriera de su comercio
La Cámara de Apelaciones ratificó la decisión de la jueza María Guadalupe Losada y advirtió sobre citas jurisprudenciales que “no pudieron ser corroboradas” en el recurso presentado por una de las partes.
Una discusión por la apertura de una farmacia durante días feriados y fuera de los turnos asignados, derivó en una sucesión de amenazas, agresiones físicas, daños a un vehículo y la rotura de la vidriera de otro establecimiento. Un fallo de la Justicia civil responsabilizó a un hombre y sus dos hijos por los daños.
El conflicto comenzó cuando la dueña de una farmacia llamó a otro establecimiento, ubicado a pocas cuadras, para cuestionar que atendiera los días en que no estaba de turno. El farmacéutico que recibió la llamada fue hasta el local de su competidora, la insultó y la amenazó. Horas más tarde, la pareja de la mujer fue al otro comercio y golpeó a su dueño, quien tomó piedras y las arrojó contra la camioneta de su agresor.
Minutos después, los dos hijos del hombre cuyo vehículo fue dañado ingresaron a la farmacia, golpearon una mampara y rompieron de una patada el vidrio de la puerta. Dentro del establecimiento permanecía la esposa del comerciante.
La jueza María Guadalupe Losada tuvo por probadas dos conductas independientes: el ataque físico inicial cometido por uno de los hombres y la posterior rotura de la vidriera por sus dos hijos. También consideró acreditado que el dueño de la farmacia cuya vidriera fue destruida, había insultado y amenazado previamente a la otra comerciante y que, después de ser golpeado, había dañado la camioneta de su agresor.
Sin embargo, concluyó que “eso no es causa ni justifica los daños que reclama por los ilícitos constatados”. Tampoco consideró que configuraran una legítima defensa que habilitase a los hijos a dirigirse horas después contra el comercio.
Si bien los demandantes manifestaron que, por temor a nuevos ataques, debieron trasladar la farmacia, Losada explicó que no fue demostrado que la mudanza hubiera sido consecuencia directa del episodio: no se acompañaron denuncias posteriores, actos de intimidación ni otras pruebas que relacionaran aquella decisión comercial con los demandados.
Sí admitió el daño moral, porque consideró que el comerciante y su esposa habían experimentado preocupación, tristeza, angustia y temor por las agresiones y los daños causados al local.
Ambas partes apelaron. Los dueños de la farmacia insistieron con los daños físicos, psicológicos, comerciales y futuros que habían sido rechazados. Sin embargo, los integrantes de la Sala I de la Cámara de Apelaciones, Cecilia Pamphile y Jorge Pascuarelli, sostuvieron que reiteraban afirmaciones formuladas durante el proceso.
Por último, advirtieron que “gran parte de los planteos se apoyan en citas jurisprudenciales cuya existencia no ha podido ser corroborada en los sistemas de consulta disponibles, circunstancia que reviste particular gravedad”.
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