miércoles 12 de agosto de 2026

Camino de la Fe

Capilla Domingo Savio, más de un siglo de historia salesiana en Chos Malal

Ubicada junto al cementerio de Chos Malal, la capilla forma parte del entramado espiritual e histórico del norte neuquino. Sencilla en su arquitectura, pero profunda en su significado, conserva en su interior testimonios de distintas etapas de la liturgia católica y mantiene viva la presencia de la obra salesiana en la región.

Capilla Domingo Savio, más de un siglo de historia salesiana en Chos Malal
miércoles 12 de agosto de 2026

En el casco urbano de Chos Malal, sobre la avenida Don Bosco al 1.300, un amplio patio que funciona como atrio abierto recibe a quienes llegan a la capilla Santo Domingo Savio. El templo, ubicado en inmediaciones del cementerio local, integra uno de los espacios que permiten reconstruir la historia religiosa del Alto Neuquén y el legado de los primeros sacerdotes que recorrieron estas tierras llevando su misión evangelizadora.

Esta casa de Dios, integra al desarrollo del Camino de la Fe, el corredor turístico de unos 800 kilómetros que conecta más de 40 espacios religiosos desde el paraje Ailinco hasta Villa La Angostura.

La capilla es una de las comunidades que dependen de la Parroquia María Auxiliadora de Chos Malal, vinculada históricamente con la presencia salesiana en la Patagonia. Su advocación a Santo Domingo Savio también da cuenta de esa identidad: el joven discípulo de Don Bosco, reconocido por su piedad, alegría y compromiso con la vida cristiana, es una figura especialmente asociada al acompañamiento de niños y jóvenes.

Más que una construcción monumental, la capilla se destaca por su valor espiritual, comunitario e histórico. Su arquitectura presenta una combinación de rasgos eclécticos y neoclásicos, con una estructura sencilla y funcional que pone el acento en la celebración litúrgica y en el encuentro de la comunidad.

Dos altares, una historia de la liturgia

Uno de los elementos más significativos que conserva el templo se encuentra en el presbiterio. Allí permanece el antiguo altar de la misa latina tradicional, concebido a modo de retablo y compuesto por arcos y columnas. En el centro se encuentra el sagrario y, por encima de este, la imagen de Santo Domingo Savio.

El conjunto está sostenido por cuatro columnas de estilo toscano y conserva también una pequeña imagen de la Virgen María. Se trata de un testimonio material de una época en la que la celebración de la misa se desarrollaba con una disposición diferente a la actual.

Décadas más tarde, a partir de la implementación del nuevo orden de la misa, conocido como Novus Ordo, el padre Vicente Martínez construyó un nuevo altar orientado hacia los feligreses. La pieza fue realizada en una sola piedra traída desde Tricao Malal.

La particularidad de la capilla es que ambos altares se conservan. De esta manera, el espacio permite observar materialmente un antes y un después de las transformaciones litúrgicas impulsadas a partir del Concilio Vaticano II, desarrollado entre 1962 y 1965.

A un costado se encuentra además el ambón, de madera y con formato de atril, desde donde se proclaman las lecturas durante las celebraciones.

La presencia de los misioneros salesianos

La historia de esta capilla se comprende dentro de un proceso mucho más amplio: la llegada y consolidación de la misión salesiana en el norte neuquino.

El paisaje del Alto Neuquén, con sus montañas, valles y grandes distancias, fue escenario de la tarea de sacerdotes que recorrieron extensos territorios para acompañar a las comunidades. Entre ellos se recuerdan figuras como Domingo Milanesio, conocido como “Patiru Domingo”; Marcelo Gardín; Florindo Zandonella; Mateo Gavotto; Bartolomé Panaro, primer párroco de Chos Malal, y Pedro Martinengo.

Aquellos religiosos no solo llevaron adelante su tarea pastoral, también participaron de un proceso social en el que la construcción de capillas, la transmisión de valores vinculados con la solidaridad y el trabajo, y el acompañamiento de las comunidades formaron parte de la vida cotidiana del territorio.

En este sentido, la presencia salesiana se extendió mucho más allá del ámbito urbano. La Parroquia María Auxiliadora y las comunidades que dependen de ella conforman una red pastoral que históricamente alcanzó a numerosos parajes criollos y comunidades mapuches del norte neuquino.

La capilla Santo Domingo Savio es parte de ese entramado y ofrece un espacio de cercanía para la vida sacramental y comunitaria de los vecinos.

Una parada del Camino de la Fe

La capilla integra el Camino de la Fe neuquino, una propuesta que invita a recorrer la provincia descubriendo templos, capillas, santuarios y otros espacios vinculados con la historia religiosa y cultural de sus comunidades.

En Chos Malal, el recorrido adquiere un significado especial. La antigua capital del Territorio Nacional del Neuquén fue uno de los principales centros desde donde se organizó la vida social y religiosa del norte provincial. Por sus calles y alrededores transitaron sacerdotes y misioneros que, en tiempos de grandes distancias y dificultades de comunicación, desarrollaron una intensa tarea de acompañamiento.

Visitar la capilla Santo Domingo Savio permite acercarse a esa historia desde un lugar cotidiano y cercano. Su valor no está solamente en sus paredes o en los elementos que conserva, sino también en la memoria de las generaciones que encontraron allí un espacio para celebrar, encontrarse y compartir.

La fiesta patronal se celebra cada 6 de mayo, una fecha que renueva el vínculo de la comunidad con la figura de Domingo Savio y con el carisma de Don Bosco, basado en la educación, la juventud, la alegría y el servicio.

Fe, historia y territorio

El Camino de la Fe propone descubrir que el patrimonio religioso neuquino no se encuentra únicamente en grandes templos o construcciones monumentales. También está presente en pequeñas capillas de barrio, en imágenes conservadas durante generaciones y en espacios que forman parte de la memoria de cada localidad.

En el caso de Santo Domingo Savio, su cercanía con el cementerio adquiere además un significado particular: allí descansan los restos de algunos de los primeros sacerdotes que evangelizaron el Alto Neuquén, convirtiendo al entorno en un espacio donde la historia religiosa de Chos Malal permanece estrechamente vinculada con el presente.

Recorrer este lugar es, de algún modo, volver sobre las huellas de quienes atravesaron la inmensidad patagónica para llevar su mensaje a comunidades dispersas. Es también reconocer el trabajo de aquellos hombres que, junto con las poblaciones locales, fueron construyendo una trama de fe, solidaridad y encuentro.

Así, la capilla Santo Domingo Savio se incorpora al Camino de la Fe como una escala íntima dentro de un recorrido mayor: un lugar donde la espiritualidad, la historia y el paisaje del norte neuquino se encuentran y permiten comprender una parte de la identidad de la provincia.

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