Camino de la Fe
Ceferino Namuncurá: a 140 años de su nacimiento, San Ignacio mantiene viva su memoria
Se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Ceferino Namuncurá, una de las figuras más representativas de la identidad espiritual y cultural de la Patagonia. En el paraje San Ignacio, su tierra de pertenencia, el Santuario Kultrún recibe a visitantes que llegan para conocer su historia y acercarse a un espacio donde la fe y la cultura mapuche conviven en armonía.
Cada 26 de agosto, la Patagonia vuelve la mirada hacia la figura de Ceferino Namuncurá. En esta fecha se conmemora el nacimiento, ocurrido en 1886, de quien con el paso del tiempo se convertiría en una figura profundamente arraigada en la historia religiosa y cultural de la región y el Camino de la Fe neuquino.
A 140 años de aquel nacimiento, en Neuquén su memoria permanece especialmente presente en el paraje San Ignacio, a unos 60 kilómetros de Junín de los Andes, sobre la Ruta Nacional 40. Allí, en el territorio de la Comunidad Mapuche Namuncurá, descansan desde 2009 los restos del beato, en un santuario cuya arquitectura representa uno de los encuentros más singulares entre espiritualidad cristiana e identidad mapuche.
El Santuario Kultrún se distingue en medio del valle por su particular estructura circular, inspirada en el kultrún, instrumento sagrado de la cultura mapuche. La construcción, realizada en madera entramada, chapa y vidrios de colores, alcanza unos doce metros en su parte superior y tiene ocho metros de diámetro en la base.
El lugar fue concebido como un espacio de oración y encuentro. En el centro se encuentra una fosa excavada en la roca donde descansan los restos de Ceferino. La disposición del edificio permite recorrer el interior alrededor de ese espacio, en un ámbito que invita al recogimiento.
En sus ventanas de colores permanece escrita una frase que sintetiza el espíritu que acompañó al joven mapuche durante su breve vida: “Quiero ser útil a mi gente”.
Una vida marcada por la Patagonia
Ceferino nació el 26 de agosto de 1886, hijo del cacique Manuel Namuncurá y Rosario Burgos. Era nieto del reconocido cacique Calfucurá y creció en un contexto marcado por la historia y las transformaciones que atravesaban a las comunidades indígenas de la Patagonia.
Desde pequeño protagonizó episodios que quedaron incorporados a la memoria de su comunidad. Uno de ellos ocurrió cuando cayó a las aguas del río Negro y fue arrastrado por la corriente. Sobrevivió y sus familiares interpretaron aquel hecho como un milagro.
Fue bautizado a los dos años por el sacerdote salesiano Domingo Milanesio. A los once años viajó a Buenos Aires para continuar sus estudios. Primero ingresó al Colegio Militar de la Nación, pero durante el viaje manifestó su deseo de cambiar de institución. Finalmente comenzó su formación en el Colegio Salesiano Pío IX, donde recibió su primera Comunión en 1898.
Su vida transcurrió entre el deseo de formarse y una profunda vocación de servicio. Sin embargo, su salud comenzó a deteriorarse. Contrajo tuberculosis y fue trasladado a Viedma, donde conoció a Artémides Zatti, el enfermero salesiano que décadas más tarde sería canonizado.
Más adelante viajó a Europa junto con monseñor Juan Cagliero. En Roma fue recibido por el papa Pío IX y continuó sus estudios en el colegio salesiano de Frascati. Su enfermedad avanzó y, finalmente, fue internado en el hospital Fatebenefratelli, donde murió el 11 de mayo de 1905, cuando tenía apenas 18 años.
El regreso a la tierra de su pueblo
La historia de Ceferino continuó después de su muerte. Sus restos fueron repatriados desde Italia en 1924 y trasladados a Fortín Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, donde quedaron bajo custodia de sacerdotes salesianos.
Pero fue muchos años después cuando regresaron a la Patagonia. El 13 de agosto de 2009, por pedido de su familia y con autorización del Vaticano, los restos del beato fueron trasladados hasta la Comunidad Mapuche Namuncurá, en San Ignacio.
La llegada fue acompañada por una ceremonia religiosa y significó el regreso de Ceferino a la tierra donde descansan sus familiares y donde su figura mantiene una fuerte presencia.
El proceso que llevó a su reconocimiento por parte de la Iglesia Católica había comenzado en 1945. En 1957 se aprobó la introducción de la causa y posteriormente fue declarado venerable. Finalmente, en noviembre de 2007, fue beatificado en Chimpay, Río Negro, localidad estrechamente vinculada con su historia.
San Ignacio, una parada del Camino de la Fe
El paraje San Ignacio forma parte del recorrido del Camino de la Fe neuquino, una propuesta que comienza en Ailinco en el norte hasta Villa La Angostura y que invita a descubrir templos, santuarios y espacios vinculados con la espiritualidad, pero también con la historia y las identidades que conforman la provincia.
En ese recorrido, el Santuario Kultrún ocupa un lugar especial. Su arquitectura no busca imponerse sobre el paisaje, sino dialogar con él. La forma del kultrún, los materiales utilizados y los símbolos presentes en sus vidrios convierten al edificio en una expresión de la identidad del lugar.
Cada noviembre, la comunidad conmemora el aniversario del traslado de los restos de Ceferino y vuelve a encontrarse en este espacio de profunda significación.
A 140 años de su nacimiento, Ceferino Namuncurá continúa siendo una figura que trasciende las fronteras de la devoción religiosa. Su historia permanece vinculada a la Patagonia, a la cultura mapuche y a una frase que resume el sentido de su vida: querer ser útil a su gente.
En San Ignacio, esa memoria tiene un lugar concreto. Se encuentra en el corazón de un kultrún gigante, entre madera, piedra y luz, donde el legado de Ceferino sigue formando parte del paisaje y de la identidad neuquina.
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