miércoles 2 de septiembre de 2026

Un día en El Chocón: pesca, dinosaurios, sabores y paisajes para disfrutar en familia

Hay destinos que invitan a llegar y recorrer. Y hay otros que proponen quedarse, bajar el ritmo y dejar que cada experiencia se convierta en parte del viaje. Villa El Chocón pertenece a ese segundo grupo.

Un día en El Chocón: pesca, dinosaurios, sabores y paisajes para disfrutar en familia
miércoles 02 de septiembre de 2026

A poco más de una hora de Neuquén capital, Villa El Chocón propone una escapada que combina naturaleza, aventura, paleontología y gastronomía. Una jornada puede comenzar con un desayuno frente al lago, continuar con una experiencia de pesca y una trucha recién preparada y terminar recorriendo las huellas de dinosaurios, el museo y los miradores de una localidad donde el pasado y el presente conviven a orillas del Limay.

Una de las maneras de comenzar el día es acercarse hasta Bahía Boca del Sapo y encontrarse con Fario Fishing Lodge, un emprendimiento dedicado a la pesca y a la atención de visitantes, cuyo propietario, Diego Rodríguez, es guía de pesca habilitado por el ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales.

La propuesta puede comenzar con un desayuno y unas tortas fritas a orillas del lago. Después llega el momento de introducirse en el mundo de la pesca con mosca o spinning, aprender las primeras técnicas de casteo y, para quienes ya tienen experiencia, perfeccionar sus conocimientos.

Como explica Rodríguez, la pesca es muchas veces la excusa para llegar hasta El Chocón, pero la experiencia puede ir mucho más allá. La localidad permite combinar pesca, paleontología, lago, gastronomía y hasta propuestas vinculadas con el vino regional.


Del lago a la mesa

Después de una mañana al aire libre, el almuerzo se convierte en otra de las experiencias del viaje.

En Fario, la esposa de Diego, la técnica superior en Gastronomía Débora Rodríguez acompaña a los visitantes desde su llegada y prepara propuestas adaptadas a cada jornada y a las preferencias de quienes visitan el lugar. La trucha -que se adquiere a productores de piscicultura de Alicurá-, ocupa un lugar central en la propuesta gastronómica, preparada a la plancha o al horno y acompañada con vegetales, guarniciones y diferentes salsas. También hay pastas y empanadas, una de las opciones más elegidas por los clientes.

La cocina busca además contar algo del territorio. Los productos frescos, los ingredientes regionales y el acompañamiento de un Pinot Noir neuquino permiten transformar el almuerzo en otra forma de conocer el destino.

Hay un plato que sintetiza especialmente ese vínculo entre gastronomía y paisaje; se trata de una trucha grillada con vegetales y milhojas, presentada de manera que representa algunos de los elementos más característicos de El Chocón: un bote elaborado con una porción de zapallo, zanahorias que simbolizan los remos y una milhojas que recrea a Los Gigantes. De esta manera el paisaje también llega a la mesa.


Una tarde entre dinosaurios

Después del almuerzo, el itinerario puede cambiar de escenario y viajar millones de años hacia atrás.

El Museo Paleontológico Ernesto Bachmann es una parada imprescindible. Allí se conservan piezas y reconstrucciones de la fauna que habitó la región, con el Giganotosaurus Carolinii como uno de sus grandes protagonistas.

La experiencia puede continuar al aire libre, junto a las costas del embalse Ezequiel Ramos Mexía, donde se encuentran huellas de dinosaurios a cielo abierto. Caminar por esos espacios permite dimensionar que la historia que cuentan las vitrinas del museo continúa también en el territorio.

Para completar la mirada paleontológica y geológica, existen distintas alternativas de recorridos por el Cañadón Escondido y el Cañadón del Cocodrilo, escenarios donde las formaciones rocosas permiten observar las huellas de millones de años de evolución del paisaje. Ambos sectores también forman parte de propuestas de trekking y cicloturismo.


El lago como protagonista

A esta altura del día, el embalse Ezequiel Ramos Mexía vuelve a convertirse en protagonista. El gran espejo de agua ofrece posibilidades para la pesca deportiva, actividades náuticas, playas y momentos de contemplación. Las mesetas y formaciones rocosas que rodean el lago generan un paisaje particular, donde el azul del agua contrasta con los tonos de la estepa neuquina.

Los Gigantes, esas grandes formaciones rocosas que emergen del agua, son una de las postales más reconocibles de la localidad. También se pueden recorrer distintos miradores, entre ellos el del Embalse, el de las Aves, el del Faro y el del Vertedero.

Para quienes buscan sumar una experiencia diferente, el Paseo de Dinosaurios en Realidad Aumentada propone incorporar tecnología al recorrido y acercarse de una manera novedosa al patrimonio paleontológico.


Una escapada para compartir

Villa El Chocón permite adaptar el recorrido a distintos intereses. Una familia puede combinar el museo y las huellas de dinosaurios con un almuerzo junto al lago; una pareja puede sumar una jornada de pesca, gastronomía y atardecer; y quienes disfrutan de la aventura tienen alternativas de trekking, cicloturismo y navegación.

También hay tiempo para conocer el casco histórico, recorrer espacios vinculados con la construcción de la villa y el complejo hidroeléctrico, visitar la Iglesia Nuestra Señora de El Chocón o acercarse al Paseo de Artesanías y al particular Museo del Botón.

La propuesta puede extenderse incluso por más de un día. Como señala Diego Rodríguez, El Chocón tiene posibilidades para una escapada de dos o tres jornadas y puede complementarse con otros atractivos de la región, entre ellos las bodegas de Senillosa.

Porque en El Chocón la experiencia no termina cuando se guarda la caña de pescar ni cuando se abandona el museo. Continúa en una sobremesa frente al lago, en una caminata entre las formaciones rojizas, en el descubrimiento de una huella de dinosaurio o en el último rayo de sol sobre el agua.

Un día en Villa El Chocón puede ser muchas cosas a la vez: una aventura, una clase de paleontología, una experiencia gastronómica y una pausa frente a la naturaleza. Una escapada cercana, pero capaz de hacer sentir que se viajó mucho más lejos.

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