Un negocio, una trayectoria y parte de la historia de Neuquén: la panadería La Santafesina recibió un reconocimiento por sus 59 años en la ciudad
El negocio fue fundado en 1967 por Agustín Felipe del Campo junto a su hijo Rubén del Campo.
La panificadora La Santafesina, ubicada en Río Negro 669, lleva 59 años acompañando a los vecinos y vecinas de Neuquén con sus productos. Por su trayectoria y aporte al crecimiento de la ciudad, la Municipalidad le entregó un reconocimiento.
El negocio fue fundado en 1967 por Agustín Felipe del Campo junto a su hijo Rubén del Campo. Desde sus inicios, el emprendimiento nació como un proyecto familiar, sostenido por el esfuerzo, la dedicación y el compromiso con el trabajo.
Tras el fallecimiento de Agustín, a los 66 años, sus hijos Néstor y María Esther del Campo continuaron con la actividad, dando paso a una nueva generación que mantuvo viva la tradición familiar.
La secretaria de Jefatura de Gabinete, María Pasqualini, destacó la importancia del reconocimiento de Comercio Histórico a la panadería, que cuenta con 59 años de trayectoria en la ciudad, y puso en valor su arraigo barrial, su identidad familiar y su aporte al desarrollo comercial neuquino.
“Es muy importante que la Municipalidad cuente con una ordenanza que establece que los comercios con más de 50 años de trayectoria reciban el reconocimiento de Comercio Histórico, porque son establecimientos que han acompañado el crecimiento de la ciudad a lo largo de los años”, afirmó.
“En este caso, además, hay una particularidad que le da un valor agregado: es un comercio de barrio que siempre estuvo en el mismo lugar y que tiene un fuerte arraigo, identidad y vinculación con los vecinos. Mientras estábamos charlando, veíamos cómo entraba la gente, y eso demuestra el vínculo que se ha construido con el barrio a lo largo del tiempo”, sostuvo la funcionaria.
A su vez, señaló que se trata de un comercio que ha pasado de generación en generación, “lo que refleja una identidad familiar muy fuerte y una relación que se mantiene viva con los vecinos. Eso también es un plus muy importante”.
Por otra parte, Pasqualini destacó que “esta panadería tiene un rol que va más allá de la atención al público, porque sus productos también se distribuyen en otros comercios neuquinos. Es decir, que lo que se fabrica acá llega a distintos puntos de la ciudad”. “Por eso, hace 59 años que esta panadería forma parte de la vida de Neuquén y acompaña su crecimiento, no solo a través de la atención en el mostrador, sino también con sus productos, que están presentes en otros comercios de la ciudad”, añadió.
María Esther del Campo, dueña del negocio familiar, compartió parte de su historia y recordó cómo fueron sus años al frente del comercio. “Nací en la calle Roca. Cuando fallece mi padre, recibo en herencia este negocio. Hemos transcurrido muchos años trabajando tanto en la parte del mostrador como en la distribución”, relató.
Además, contó que, hasta hace poco, continuaba levantándose de madrugada para trabajar. “Con el correr de los años, mis hijos no quieren que venga más a trabajar, pero hace dos meses venía todas las mañanas a las cuatro o cinco”, recordó. Aunque actualmente permanece en su casa, aseguró que sigue de cerca la actividad del negocio: “Estoy en casa, pero siempre al tanto de las cosas que pasan”.
A lo largo de estas casi seis décadas, María Esther también fue testigo del crecimiento de la capital neuquina: “Vi crecer a mi patria chica. Esta ciudad era un pueblo chico. He vivido a una cuadra y media de la Casa de Gobierno, así que he visto el ascenso de los gobernadores y la provincialización, en 1955”.
Sobre el origen del nombre del negocio, explicó que se remonta a los antiguos propietarios, quienes eran oriundos de Santa Fe. Actualmente, su hijo está a cargo de la panificadora, pero María Esther conserva los recuerdos de toda una vida detrás del mostrador. “En un momento mi madre se enfermó, viajó Buenos Aires, y con mi hermana melliza nos turnábamos para atender el comercio”, contó.
El negocio familiar también fue testigo de los logros personales de María Esther y sus hermanos. “Todas nos recibimos, hicimos el secundario en el colegio San Martín”, recordó.
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