El FAN V cerró una edición de gran convocatoria y reafirmó a Neuquén como punto de encuentro del cine federal y patagónico
Entre el 28 de octubre y el 1 de noviembre, la ciudad fue escenario de proyecciones, encuentros y conversaciones que consolidaron el crecimiento del festival y el sentido de comunidad que se construye alrededor del cine.
La presencia de Lucrecia Martel ante un Teatro Español colmado, las 23 distinciones de la premiación y el trabajo de cinco proyectos neuquinos en desarrollo marcaron una quinta edición que fortaleció los vínculos entre realizadores, públicos y la ciudad. María Pasqualini confirmó que habrá una sexta edición en 2027.
El Festival Audiovisual Neuquén (FAN) concluyó su quinta edición con una amplia participación del público, salas convocantes y una programación que volvió a reunir producciones, miradas y realizadores de distintos puntos del país.
Entre el 28 de octubre y el 1 de noviembre, la ciudad fue escenario de proyecciones, encuentros y conversaciones que consolidaron el crecimiento del festival y el sentido de comunidad que se construye alrededor del cine.
Uno de los momentos más destacados fue la presencia de Lucrecia Martel, que convocó a un Cine Teatro Español colmado. Su participación sintetizó una de las apuestas centrales del FAN: acercar figuras fundamentales del audiovisual argentino al público neuquino y generar espacios de intercambio que trascienden la pantalla.
Premiados
La ceremonia de premiación reconoció la diversidad de propuestas que atravesaron las competencias federales y patagónicas. En total se entregaron 23 distinciones: 13 premios competitivos, nueve menciones y un reconocimiento especial. Más allá de las cifras, el palmarés reflejó un festival atento a las distintas formas de narrar, a las nuevas voces y a las historias que encuentran en el cine una manera singular de mirar el mundo.
El premio a Mejor Largometraje Federal de Ficción fue para La noche está marchándose ya, de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, una producción realizada en Córdoba. La distinción puso de relieve la potencia creativa de un cine federal que se produce y se piensa desde distintos territorios del país. Por su parte, La muerte es algo que le sucede a los demás, de Ana García Blaya, recibió el premio a Mejor Largometraje Documental: dos reconocimientos que expresan el interés del FAN por relatos con identidad, sensibilidad y búsquedas cinematográficas propias.
El audiovisual patagónico ocupó, una vez más, un lugar protagónico. Conociendo a Cuqui Honik, de Luis Urquiza, obtuvo los premios a Mejor Cortometraje Patagónico y Mejor Guion; El infierno de lo humano, de Marcos Montes de Oca, recibió el premio a Mejor Montaje y el reconocimiento del Jurado Adolescente; Micaela Botto fue distinguida por su actuación en No cambié las cosas de lugar, e Inchegen Awka Liwen, de Yvana Juárez, obtuvo el premio a Mejor Sonido y una mención especial del Jurado Adolescente. También fue reconocida Luz Mala, de David Aguilera, con una mención especial.
En otras categorías, Casi, de Andrés Octavio Quintana, fue elegido Mejor Microrrelato Patagónico; Sensei, de Carlos Echeverría, obtuvo el premio a Mejor Videoclip Patagónico, Para siempre de Ignacio Bueno Sabatté recibió mención y Salvando el Día, de Kiran Sharbis para Monasterio, recibió el Premio del Público. La ceremonia incluyó, además, un reconocimiento especial a Lisandro Carcavallo, director del documental El infierno está encantador. Gulp 1985.
Laboratorio neuquino y proyecciones especiales
Una de las apuestas más valiosas de esta edición fue el Laboratorio Neuquino de Proyectos en Desarrollo. Cinco proyectos locales participaron de un espacio de trabajo intensivo pensado para acompañar sus procesos creativos, fortalecer herramientas y abrir nuevas posibilidades de producción. La iniciativa amplió el alcance del festival: no solo exhibió películas terminadas, sino también contribuyó a que nuevas historias neuquinas puedan hacerse realidad.
La programación fuera de competencia también sumó encuentros significativos, entre ellos propuestas vinculadas con el fútbol, El Partido y Los murales de Dios; el terror, La virgen de la tosquera, película que representa a Argentina en los Premios Óscar, y la música, como el documental sobre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Estas funciones ampliaron el diálogo con públicos diversos y reforzaron el carácter abierto y plural de la programación.
El balance dejó algo que no se mide únicamente en funciones o premios: vínculos fraternos entre quienes hacen cine, conversaciones que continúan después de las proyecciones y visitantes que se llevaron una imagen cálida de Neuquén, de su público y de la organización del festival. Ese entramado humano es parte de la identidad que el FAN viene construyendo edición tras edición.
Apuesta por la inversión en cultura
Durante el cierre, María Pasqualini, secretaria de Jefatura de Gabinete de la Municipalidad de Neuquén, confirmó que el festival tendrá una sexta edición en 2027. El anuncio proyecta la continuidad de una política cultural que apuesta al encuentro, a la circulación de obras y al fortalecimiento de la producción audiovisual regional y federal.
Con cinco ediciones realizadas, el FAN sigue creciendo como espacio de exhibición, formación y reconocimiento. Y, sobre todo, como una comunidad que encuentra en el cine nuevas razones para volver a reunirse.
La última jornada: dos películas para recuperar la memoria
La quinta edición se despidió en el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén, con una última jornada de proyecciones atravesada por la historia y la memoria argentina. Primero se presentó el cortometraje neuquino Seis de abril, dirigido por Agnese Boaretto, que sitúa su relato en Zapala, durante los días de la desaparición del soldado Omar Carrasco y el posterior descubrimiento de su asesinato. Una historia que recupera un episodio profundamente ligado a la región y a la memoria colectiva del país.
Luego llegó el estreno de Pedro en el país, documental de María Alché y Benjamín Naishtat que recorre parte de la historia argentina de la segunda mitad del siglo XX a través de la vida y el testimonio de Pedro Catella, hijo de Alicia Eguren e hijastro de John William Cooke, dos figuras centrales de la militancia peronista.
La programación reunió así dos películas con búsquedas narrativas diferentes, pero atravesadas por una misma inquietud: la capacidad del cine para interrogar el pasado, recuperar historias y abrir nuevas conversaciones sobre nuestra identidad.
Un cierre que sintetizó el espíritu del FAN: dar lugar a miradas diversas, acercar al público obras que invitan a la reflexión y hacer de la pantalla un espacio de encuentro, memoria y sensibilidad.
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