Copahue, el pulso ardiente de la cordillera neuquina
En la frontera natural entre Argentina y Chile, sobre el extremo suroeste de la caldera del Agrio, el volcán Copahue se eleva como uno de los grandes protagonistas de la cordillera neuquina. Su silueta nevada, el cráter activo y las fumarolas que emergen de sus laderas revelan una verdad esencial: aquí, la tierra respira.
Copahue forma parte del complejo volcánico Caviahue–Copahue, uno de los sistemas más estudiados del país por su actividad persistente y su cercanía con localidades habitadas. Esta convivencia entre naturaleza extrema y vida cotidiana convierte al monitoreo volcánico en una tarea constante, científica y estratégica, pero también en una forma de diálogo respetuoso con la montaña.
El lenguaje del fuego y el agua
Su nombre, de origen mapuzungun, condensa su esencia: ko (agua), pa (azufre) y we (lugar). “Lugar de aguas sulfurosas”. Una definición que se vuelve paisaje en los colores del cráter, en los vapores densos que ascienden y en los tonos amarillos, verdes y ocres que tiñen el entorno.
La actividad volcánica se manifiesta en fumarolas, emisiones gaseosas y procesos geotérmicos que alimentan uno de los tesoros más singulares del Neuquén: las Termas de Copahue. Desde hace más de un siglo, estas aguas minerales son utilizadas con fines terapéuticos y han posicionado a la región como un destino termal de reconocimiento nacional e internacional. Aquí, la energía del subsuelo se transforma en bienestar.
A lo largo del tiempo, erupciones, flujos de lava y la erosión volcánica fueron esculpiendo valles, lagunas y laderas. Este paisaje áspero y poderoso fue también territorio de comunidades originarias, que aprendieron a habitarlo en estrecha relación con la montaña. En Copahue, el volcán no es solo un fenómeno natural: es parte del paisaje cultural, del saber ancestral y de una forma de vida que entiende a la naturaleza como un ser activo.
Un área protegida pionera
La singularidad de este entorno dio origen a una temprana política de conservación. En 1937 se creó la Reserva Nacional Los Copahues y, en 1963, el área se convirtió en la primera Área Natural Protegida Provincial del Neuquén. Hoy, el Área Natural Protegida Copahue resguarda una biodiversidad notable, fruto de su ubicación en una zona de transición entre los bosques andino-patagónicos, la estepa patagónica y la alta montaña.
Copahue es volcán, paisaje y energía en movimiento. Es ciencia, memoria geológica y presente activo. Un lugar donde el fuego interno de la Tierra se hace visible y donde cada columna de vapor recuerda que la cordillera neuquina está viva.
Una postal de la Neuquén profunda, allí donde los volcanes no sólo modelan la tierra, sino también la identidad de quienes la habitan.