Infancias Protegidas: el operativo que cuida a los más chicos ya es uno de los pilares de la Fiesta de la Confluencia
La Municipalidad de Neuquén desplegó nuevamente el programa Infancias Protegidas durante la Fiesta Nacional de la Confluencia y, solo en las dos primeras jornadas, se colocaron más de 25 mil pulseras identificatorias. “El balance es altamente positivo”, informó la secretaria de Derechos Humanos, Relaciones Internacionales y Cooperación Internacional, Luciana De Giovannetti.
El dispositivo, que con el paso de las ediciones se consolidó como un clásico del evento, tiene como objetivo principal proteger a los menores que asisten y facilitar su reencuentro con sus padres o adultos responsables en caso de extravío. “La verdad es que el dispositivo Infancias Protegidas ha sido un éxito”, afirmó De Giovannetti, al destacar el trabajo coordinado que permite actuar con rapidez y eficiencia.
El operativo cuenta con tres puntos estratégicos de atención: dos carpas ubicadas en los ingresos de los puentes de Linares y Río Negro, donde se colocan las pulseras a los menores que van ingresando, y una central junto a la Policía que funciona como punto de encuentro principal.
Durante el sábado por la tarde, la funcionaria detalló que en los primeros días de la fiesta aproximadamente 35 niños y niñas se separaron de sus acompañantes, pero gracias al sistema de pulseras y la articulación del equipo todos fueron revinculados con sus familias en poco tiempo. “El dispositivo ya está súper aceitado”, señalaron desde el programa, en referencia a la experiencia acumulada en ediciones anteriores.
Un aspecto clave es la información que se brinda a los chicos al momento de colocarles la pulsera. El personal, fácilmente identificable con remeras distintivas, les explica que no deben asustarse si se separan de sus adultos y les indica que busquen a un policía o a integrantes del equipo de Infancias Protegidas.
Mientras se gestiona el reencuentro familiar, los niños y niñas permanecen contenidos en las carpas del operativo, donde pueden conversar, dibujar, pintar, comer algo y tomar una gaseosa, transformando la espera en una experiencia más tranquila. “No la pasan mal hasta tanto los buscan”, explicó De Giovannetti.