2026-03-13

Las Siete Cascadas del Agrio, donde el volcán conversa con el agua

A un kilómetro de Caviahue, antes de cruzar el puente sobre el río Agrio por la ruta provincial 26, un sendero de ripio se abre entre araucarias milenarias. Allí comienza uno de los recorridos más sorprendentes del norte neuquino: el circuito de las Siete Cascadas del Agrio, un paisaje donde el agua, la lava y el tiempo escribieron juntos la geografía.

El acceso está a pocos metros del puente sobre el río Agrio. Se puede llegar caminando, en bicicleta, a caballo o en vehículo hasta el inicio del sendero. Desde ese punto, una caminata tranquila de unas dos horas -ida y vuelta de 3,5 kilómetros- permite descubrir algunos de los saltos de agua más imponentes del circuito.

Las cascadas fueron formadas y moldeadas por manifestaciones volcánicas y glaciaciones que sucedieron a lo largo de millones de años. Las lenguas de lava descendieron desde el volcán Copahue y, al enfriarse, dejaron un paisaje quebrado de basaltos que el río Agrio fue puliendo con paciencia milenaria, tallando su curso entre rocas oscuras y paredes abruptas.

El resultado es un corredor natural de caídas de agua donde el sonido del río acompaña cada paso y el paisaje cambia a cada curva del sendero.

La primera parada es la Cascada del Basalto, donde el agua corre encajonada entre formaciones volcánicas a más de 1.600 metros sobre el nivel del mar. Desde arriba se aprecia cómo el río se abre paso en un valle angosto y escarpado antes de continuar su camino hacia el lago Caviahue.

Un poco más arriba aparece la Cascada Cabellera de la Virgen, donde el agua se desliza pegada a la montaña como si buscara dibujar un hilo blanco sobre la roca. El rumor del río se vuelve más intenso y anuncia que el recorrido sigue ascendiendo.

La tercera parada es la Cascada de la Culebra, cuyo salto nace a mitad del paredón rocoso. Allí las araucarias -los pehuenes- dominan el horizonte. Sus piñones, semillas ricas en hidratos de carbono, forman parte de la historia y la cultura de la región.

La caminata culmina en la Cascada del Gigante, la más imponente del circuito. Desde ese punto el paisaje se abre y permite observar, entre la vegetación de la estepa cordillerana, la silueta del volcán Copahue recortada contra el cielo.

Las rocas que encajonan el río Agrio son basaltos que adoptan forma de prismas hexagonales. Este fenómeno ocurre cuando la lava se enfría y se fractura siguiendo la estructura mineral que la compone, generando columnas naturales que parecen esculpidas por un antiguo arquitecto geológico.

El paisaje también deja ver otra señal del volcán cercano: el color amarillento de algunas rocas y el olor particular del aire revelan la presencia de azufre, recordando que la cordillera sigue siendo un territorio vivo, en permanente transformación.

Durante todo el recorrido, el bosque de araucarias acompaña el camino. Más adelante aparece el mallín, un humedal clave para la vida del ecosistema y para las veranadas del norte neuquino.

Las Cascadas del Agrio son, en definitiva, un lugar donde la geología y el agua cuentan una historia antigua. Un sendero donde el río desciende desde la montaña mientras el volcán Copahue observa, silencioso, el paso del tiempo en la cordillera neuquina.

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