RELATO HISTÓRICO
Las primeras viñas neuquinas, un legado de la Cordillera al Vaticano
Chos Malal tuvo una página en la historia del Alto Neuquén sobre vinos, viñas y sacerdotes misioneros. Cuenta la leyenda que el vino chosmalense lo bebía el Papa en el Vaticano. “Seguramente alguna vez haya llegado una botella”, señaló el historiador Isidro Belver a través de sus reflexiones en su archivo.
En este sentido, y más cercano en el tiempo, un breve párrafo se merece el vino local de la Bodega Des Desde La Torre que llegó a manos del Papa Francisco en 2014. Resulta que un cura de Andacollo de nombre Diego, que trabajó junto a Francisco Bergoglio fue a verlo, y en esa visita tomaron el vino que él le obsequió de esta bodega y que mucho le gustó.
Desde ese entonces el Vaticano recibió varias botellas por año, gracias al vínculo con el cura de Andacollo.
Al retomar la historia de las viñas en el norte neuquino, hay que decir que existen datos y relatos escritos de antaño que describen la producción de viñas y vinos entre sus pobladores, por supuesto mucho en menor escala que grandes regiones vitivinícolas.
Así lo reflejó el sacerdote salesiano y científico Lino del Valle Carbajal en su libro “Por el Alto Neuquén, ascensión al Domuyo” escrito en primera persona. Este misionero junto a tres acompañantes narró su propio viaje en 1903, desde Chos Malal hasta el Domuyo a caballo siguiendo el Neuquén por la Cordillera del Viento y regresando por el valle del Curi Leuvú.
Publicado en 1906, el libro contiene gran cantidad de datos científicos, mineros, poblacionales, fauna, flora, geología, agricultura y ganadería de toda la región norte del Neuquén.
En este diario de viaje, el aventurero religioso se detiene a hablar de las cualidades de los viñedos de Chos Malal, que en ese entonces era la capital del territorio con unos 1000 habitantes.
Lino del Valle Carbajal escribió sobre lo bien que se dan en esas tierras los frutales y los cereales. Y de la plantación de vides, aseguró que “la viña es otro cultivo que está dando muy buenos resultados”.
Además, aportó algunos datos y fechas históricas como que “se introdujo en 1892, según todos los cálculos -y agregó que- actualmente hay como 70.000 pies de viña”.
Del origen de la variedad, acotó que “la cepa originaria fue traída de Chile por los misioneros salesianos y de Mendoza por P.A. Martins en 1894”.
Los otros datos que brindó de la vitivinicultura en Chos Malal son muy significativos, por sus aspectos técnicos, cuantitativos y cualitativos y los orígenes de las cepas y su adaptación al terruño.
En este sentido, Lino del Valle Carbajal se refirió a que la zona presentaba una diversidad de cepas adaptadas a las condiciones climáticas del norte neuquino. Entre ellas se destacaba la llamada “uva chilena”, valorada por su buena producción, su resistencia a las heladas y su alto rendimiento en vino.
También se cultivaban variedades como la corinto blanca, precoz y productiva; la francesa o Burdeos, reconocida por su gran resistencia al frío; y la moscatel negra, de alto rendimiento aunque más sensible a las heladas.
Otras cepas presentes en la región eran la itálica “neuqueña” o moscatel criollo, bien adaptado al clima local y de brotación tardía, y la Filadelfia, apreciada por su abundante producción.
Los viticultores locales distinguían además diferentes formas de poda según la variedad y la cantidad de racimos que daba cada planta.
Sobre la vendimia, señaló que comenzaba hacia abril, cuando la uva alcanzaba su madurez, y el vino se elaboraba y conservaba durante varios meses antes de su consumo, generalmente hacia fin de año, siguiendo prácticas que reflejan el temprano desarrollo de la tradición vitivinícola en Chos Malal.
Entre los cosecheros de Chos Malal, en su relato Lino reconocía a los vecinos A. Martins, P. Shuab, (que) “tiene también otra quinta en muy buen orden” y “la de los Padres Salesianos (que) es más pequeña, pero más variada de frutales y de viñas”, concluyó entre sus notas, Lino del Valle Carbajal.