PAMI se retira y Neuquén contiene
El deterioro del PAMI en Neuquén ya no admite matices ni excusas. Lo que debería ser una red de contención para los jubilados de Nación, se ha convertido en un sistema que abandona, recorta y posterga. Medicamentos que no llegan, prestaciones que se limitan y una atención que, lejos de garantizarse, se diluye entre trámites interminables y respuestas que nunca aparecen. El resultado es claro: miles de afiliados quedan librados a su suerte.
La situación es particularmente grave en la cobertura de clínicas privadas, donde el acceso se vuelve cada vez más restrictivo. Los jubilados del sistema nacional, que durante años aportaron, hoy se encuentran con puertas cerradas o con condiciones que dificultan seriamente su atención. No se trata de casos aislados, sino de una política que evidencia un retroceso sostenido en la calidad y alcance de las prestaciones.
A esto se suma uno de los aspectos más sensibles: la demora en la entrega de prótesis e insumos quirúrgicos. Pacientes que necesitan intervenciones quedan atrapados en una espera inadmisible, muchas veces internados durante semanas en hospitales públicos a la espera de materiales que el PAMI debe proveer. Esta situación no solo agrava los cuadros clínicos, sino que también expone una desidia estructural.
Las cifras son contundentes y revelan la magnitud del problema. De los aproximadamente 69 mil afiliados que el PAMI tiene en la provincia, más de 43 mil ya se atienden en el sistema público de salud. Es decir, dos de cada tres jubilados han migrado, por necesidad y no por elección, hacia hospitales y centros de salud provinciales. Este desplazamiento no es un fenómeno espontáneo: es la consecuencia directa del vaciamiento de la obra social nacional. Y de la respuesta que da la provincia.
El impacto de esta migración recae de lleno sobre el sistema público neuquino, que enfrenta una demanda histórica. Más consultas, mayor ocupación de camas y tiempos de espera en aumento son parte de una sobrecarga que el Estado provincial debe absorber para evitar un colapso. En los hechos, es la provincia la que termina sosteniendo con recursos propios las prestaciones que el PAMI no garantiza.
La responsabilidad de este escenario es ineludiblemente del gobierno nacional, que ha decidido ignorar las necesidades de los jubilados y ajustar sobre uno de los sectores más vulnerables. Lejos de corregir el rumbo, las políticas actuales profundizan el abandono y consolidan un esquema donde la cobertura existe en los papeles, pero no en la realidad cotidiana de quienes la necesitan.
En este contexto, resulta imposible no señalar el silencio y la inacción de los senadores libertarios por Neuquén, Nadia Márquez y Pablo Cervi. Ambos, con acceso directo a las más altas esferas del poder nacional (allá en Buenos Aires), avalan con su pasividad un destrato evidente hacia los jubilados. Mientras tanto, son los hospitales públicos neuquinos los que, una vez más, terminan dando respuesta a una crisis que otros generan y eligen no resolver.