2026-03-30

Los Arrayanes, el bosque de corteza canela donde el tiempo parece quedarse quieto

Los Arrayanes, el bosque de corteza canela donde el tiempo parece quedarse quieto

Sobre la ribera norte del lago Nahuel Huapi, en la península de Quetrihué, el sur neuquino guarda este bosque singular, de troncos color canela y formas retorcidas, donde cada curva del sendero parece abrir una escena distinta. A veces la luz apenas logra filtrarse entre las ramas. A veces el bosque entero parece respirar en voz baja. Y entonces el paisaje deja de ser solamente un paisaje para volverse atmósfera.

Creado como Parque Nacional en 1971, separado del Nahuel Huapi, este rincón protegido conserva más de 1.700 hectáreas de bosques patagónicos y resguarda ejemplares de arrayán de más de 650 años. En Quetrihué, que en lengua mapuche se asocia a “donde hay arrayán”, ese árbol deja de ser una rareza botánica para convertirse en presencia total: alto, quieto, de corteza lisa, tibia a la vista, con ese tono entre rojizo y canela que vuelve inolvidable el recorrido.

Dicen que es el único bosque arbóreo de arrayanes del mundo que puede ser visitado. Y hay algo en esa condición excepcional que se entiende apenas uno entra. No es solo la belleza. Es la sensación de estar caminando dentro de un sitio improbable, como si la naturaleza hubiera decidido ensayar allí una delicadeza poco habitual en su lado más salvaje. Los troncos se inclinan, se arquean, se multiplican. La corteza se desprende en placas finas. El suelo cruje apenas. Y el aire húmedo del bosque andino patagónico envuelve todo con una calma antigua.

Llegar hasta el bosque también forma parte de la experiencia. Desde la zona del istmo, el sendero se interna a lo largo de la península en un recorrido de unos 12 kilómetros que puede hacerse caminando -y en algunos tramos y temporadas, también en bicicleta o combinando con navegación-. El camino atraviesa otras especies del bosque andino patagónico, deja ver lagunas, viejos rastros de estancia y ese diálogo constante entre la espesura y el lago, entre la sombra cerrada del monte y la claridad abierta del agua. Esa transición importa: prepara el cuerpo para entrar, de verdad, al corazón de los arrayanes.

En Los Arrayanes no hay estridencia. Hay otra cosa. Hay una forma suave del asombro. Una belleza que no necesita imponerse porque trabaja con detalles: el color de la corteza, la humedad en el aire, la penumbra dorada de la tarde, la impresión de estar viendo algo que sobrevivió siglos para quedarse justo ahí, al borde del lago, esperando a cada visitante con la paciencia vegetal de lo que conoce el tiempo mucho mejor que nosotros.

Por eso el Parque Nacional Los Arrayanes no es solo un destino. Es una pausa. Un desvío necesario hacia un paisaje que parece imaginado, pero está en Neuquén, bien al sur, donde la Patagonia también sabe hablar en voz baja. Y cuando lo hace, lo hace así: con árboles centenarios, senderos de ensueño y un bosque color canela que parece guardar, entre sus sombras, una pequeña parte del misterio del mundo.

Teléfono: 02944-423121 / 02944-423111
Correo electrónico: nahuelhuapi@apn.gob.ar  

Te puede interesar