2026-04-07

Las Cárceles, donde la roca se abrió para dejar pasar el viento y los cóndores

Hay lugares donde la tierra parece haber quedado a mitad de camino entre el desierto y la montaña. Las Cárceles es uno de ellos. A unos 60 kilómetros al oeste de Añelo, en cercanías de Los Chihuidos, este cañadón se abre paso entre bardas y laderas erosionadas, formando un paisaje inesperado en medio de la inmensidad del centro neuquino.

El nombre remite a esas paredes naturales, altas, cerradas y amarillentas, que parecen levantar muros en medio del vacío. Son formaciones geológicas particulares, talladas durante siglos por el agua y el viento, en un relieve que los especialistas describen como nichos de erosión con forma romboidal. Pero más allá de las definiciones, lo que aparece es otra cosa: un escenario áspero, silencioso y extraño, donde cada pared parece guardar una historia antigua de piedra, sedimentos y tiempo.

Las Cárceles forman parte del anticlinal de Los Chihuidos, una de las estructuras geológicas más importantes de la provincia. Debajo de esa superficie rugosa, marcada por cañadones y quebradas, también existe una riqueza mineral que desde hace décadas despierta interés. La zona fue estudiada por la Comisión Nacional de Energía Atómica desde los años 50 por su potencial de uranio, especialmente en la formación Rayoso, y todavía hoy continúa siendo un área de interés geológico y minero.

Pero en la superficie, lo que domina es otra cosa. Domina el paisaje. El vuelo lento de los cóndores. El color amarillo de las bardas cuando cae la tarde. La sensación de estar entrando en un rincón remoto, poco conocido, donde la Patagonia cambia de forma y deja atrás los lagos y los bosques para volverse roca, viento y horizonte.

La zona se ha convertido también en un atractivo para el senderismo y el turismo de naturaleza. Hay recorridos que atraviesan el cañadón, miradores naturales y puntos desde donde suele verse el planeo de los cóndores sobre las paredes del valle. Algunos comparan el paisaje con una versión patagónica y amarilla del Cañón del Colorado: más pequeña, más silenciosa y menos conocida, pero igual de impactante.

En Los Chihuidos, donde la vida transcurre entre crianceros, bardas y rutas que parecen perderse en el horizonte, Las Cárceles aparecen como una rareza geográfica y una invitación a mirar distinto. Un sitio donde la roca se abrió para dejar pasar el viento, donde sobrevuelan los cóndores y donde el paisaje recuerda que Neuquén también está hecho de estos lugares ásperos, remotos y extraordinarios.

 

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