Figueroa 2027: la proyección y su decisión de quedarse en Neuquén
En la política argentina, donde la proyección personal suele adelantarse a los hechos, ya hay quienes miran el calendario electoral de 2027 y anotan un nuevo nombre: Rolando Figueroa. Desde Buenos Aires, analistas y consultores comienzan a ubicar al gobernador neuquino en la grilla de los posibles presidenciables, impulsados por una gestión que exhibe resultados concretos y una narrativa de autonomía que no abunda en el mapa nacional.
El fenómeno no es casual. En tiempos de fragilidad fiscal en las provincias, Neuquén aparece como una excepción que despierta interés. Figueroa lo resumió con una definición contundente: “Neuquén es la provincia más independiente del país”. No se trata de una consigna vacía, sino de un modelo sostenido en números: el 85% de los recursos provinciales proviene del trabajo de los propios neuquinos.
Ese esquema de autonomía financiera se combina con un proceso de desendeudamiento y un plan de inversiones en infraestructura que tiene como columna vertebral el desarrollo de Vaca Muerta. La ecuación es clara: recursos propios, administración ordenada y reinversión estratégica para potenciar tanto a la comunidad como a la industria. Es, en definitiva, un modelo que en Buenos Aires observan con atención.
En ese contexto, no sorprende que durante una entrevista en un medio nacional le hayan planteado una pregunta que hasta hace poco parecía prematura: si su proyecto político podía exceder los límites de Neuquén. La sola formulación del interrogante confirma que, para ciertos sectores, Figueroa ya dejó de ser únicamente un actor provincial.
Pero la respuesta del gobernador marcó un contraste nítido con esa lógica expansiva. Lejos de alimentar especulaciones, eligió reafirmar su identidad política y personal: “Toda mi vida trabajé para ser gobernador… No tengo ningún otro paso para dar. Para mí va a ser mi último cargo”. No hubo ambigüedades ni guiños: la proyección, en su caso, tiene un límite claro y definido.
Incluso ante la insistencia del entrevistador, que le remarcó las condiciones para proyectarse a nivel nacional, Figueroa sostuvo la misma línea. “Me formé para ser gobernador, estoy feliz de serlo”, insistió, poniendo en valor no sólo el cargo sino también el recorrido que lo llevó hasta allí. En un escenario político donde la acumulación de poder suele ser el motor principal, su postura resulta, cuanto menos, disruptiva.
Así, mientras en Buenos Aires lo proyectan hacia 2027, Figueroa mantiene los pies firmes sobre la tierra -y sobre la tierra neuquina-. La diferencia no es menor: entre quienes buscan anticipar el futuro y quien parece decidido a consolidar el presente. En esa tensión se juega, quizás, una de las claves de su creciente centralidad política.