El 1° de mayo se cocina lento: del locro histórico a la mesa compartida
Antes de ser símbolo patrio, el locro fue otra cosa: una comida de subsistencia. Un guiso espeso, nacido de raíces indígenas y transformado con ingredientes europeos, pensado para alimentar cuerpos que trabajaban muchas horas y necesitaban sostenerse. Tal vez por eso todavía hoy se cocina igual: lento, abundante, colectivo.
Cada 1° de mayo, la escena se repite. Hay una olla grande, alguien que revuelve sin apuro y una lógica que no cambia: no se cocina para uno. Se cocina para varios. El locro, pero también el asado, las empanadas o incluso un puchero, forman parte de un repertorio que no responde a la moda ni a la innovación, sino a la persistencia.
No hay menú oficial para el Día del Trabajador, pero hay una intuición compartida: la comida tiene que reunir. Lo interesante es que esa costumbre no es casual. Durante mucho tiempo, comer fue un acto funcional, subordinado al trabajo. Sin pausa, sin sobremesa, sin espacio.
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