La aprobación de una estrategia con visión de futuro
La reciente encuesta de la consultora CB Global Data no hizo más que ponerle cifras a una percepción que desde hace tiempo se consolida tanto en Neuquén como en el escenario nacional: Rolando Figueroa se ha convertido en el gobernador con mejor imagen positiva del país. Con un 56,1 por ciento de aprobación, su liderazgo no aparece como el resultado de una coyuntura pasajera ni de una construcción discursiva, sino como la consecuencia directa de una gestión que exhibe resultados concretos, visibles y sostenidos en el tiempo.
Ese respaldo social encuentra su explicación en un modelo de gobierno que combinó crecimiento económico con orden administrativo. Mientras la provincia mejora sus indicadores de empleo, fortalece su actividad productiva y se posiciona como motor energético de la Argentina, también avanzó en una política de reducción de gastos innecesarios del Estado, reordenando prioridades y orientando los recursos hacia áreas estratégicas. Esa combinación de eficiencia y expansión es la que explica por qué Neuquén hoy aparece como una excepción virtuosa dentro de un país marcado por la incertidumbre.
Uno de los pilares centrales de ese proceso ha sido la apuesta decidida al desarrollo de Vaca Muerta. Pero lo verdaderamente distintivo de la gestión de Figueroa no radica únicamente en potenciar la producción hidrocarburífera, sino en haber comprendido desde el inicio que esa riqueza debía traducirse en bienestar concreto para la población.
Los ingresos extraordinarios que genera la actividad energética dejaron de ser un dato macroeconómico para convertirse en obras, infraestructura y políticas públicas orientadas a mejorar la vida cotidiana de los neuquinos.
La construcción de rutas, la ampliación de escuelas, la extensión de redes de gas, el fortalecimiento de la seguridad y la mejora del sistema de salud pueden parecer, observadas por separado, medidas aisladas. Sin embargo, forman parte de un mismo entramado: un proyecto integral de transformación provincial pensado con anticipación, diseñado estratégicamente por Figueroa y su equipo antes incluso de asumir en diciembre de 2023. No hubo reacción espasmódica, sino ejecución de un rumbo previamente trazado.
El gobernador conocía con precisión el escenario que heredaría tras la gestión de Omar Gutiérrez: desequilibrios estructurales, áreas sensibles desatendidas y un Estado con márgenes de ineficiencia difíciles de sostener. Pero también tenía claro que Neuquén contaba con una oportunidad histórica y que la clave consistía en administrar ese potencial con inteligencia política, visión de largo plazo y una fuerte decisión de cambio. Esa lectura anticipada de la realidad es la que hoy distingue a su administración.
Por eso, la alta imagen positiva que reflejan las encuestas no debe leerse únicamente como un reconocimiento personal, sino como la validación de un proyecto de provincia. Neuquén encontró una conducción que entendió el momento histórico, interpretó las demandas de su sociedad y transformó recursos en desarrollo. Cuando la gestión muestra resultados, cuando el crecimiento se traduce en calidad de vida y cuando existe un rumbo claro, el respaldo popular deja de ser una sorpresa para convertirse en una consecuencia natural.