2026-07-28

La familia Mezzalira, anfitriona de una historia de turismo y pasión en Aluminé

A orillas del río Aluminé, rodeado por un bosque de álamos plateados y con el murmullo del agua como banda sonora, el Hostal del Río invita a vivir una experiencia que va mucho más allá del descanso. Detrás de cada detalle hay una historia de trabajo, esfuerzo y compromiso familiar que comenzó hace más de veinte años y que hoy encuentra una nueva etapa de la mano de Maximiliano Mezzalira, y su pareja Virgina.

Licenciado en Turismo por la Universidad Nacional del Comahue y formado desde la escuela secundaria en esta actividad, Maximiliano creció viendo cómo sus padres, Mauro y Alejandra, levantaban el emprendimiento con dedicación y perseverancia. Aquella experiencia terminó marcando su propio camino.

“Todo estaba dado para que el turismo fuera la forma de vivir de lo que me gusta”, resume. Sin embargo, su incorporación a la conducción del hostal no fue inmediata. Durante varios años desarrolló otros proyectos hasta que la pandemia cambió sus planes.

Antes de que comenzaran las restricciones sanitarias logró regresar desde Neuquén capital a Aluminé. Lo que pensaba que sería una estadía temporal terminó convirtiéndose en una decisión de vida. “Aluminé me enamoró de nuevo, como cuando era chico”, recuerda. Ese reencuentro con el pueblo también abrió el camino para asumir, hace cinco años, la administración y gestión del emprendimiento familiar.

Tomar la posta implicó un gran desafío. Aunque el hostal ya contaba con una trayectoria consolidada, la responsabilidad de continuar el legado familiar representó una presión importante. Con el tiempo comprendió que detrás del funcionamiento cotidiano existe una compleja organización donde cada detalle cuenta. La experiencia le enseñó que el éxito se construye con planificación, trabajo constante y una fuerte articulación con otros actores del destino.

Para Maximiliano, Aluminé posee un atractivo difícil de igualar. Destaca la diversidad de paisajes que pueden descubrirse en pocos kilómetros y la ubicación estratégica del pueblo como punto de partida para recorrer los principales circuitos turísticos de la región.

Entre todos los momentos que ofrece la naturaleza hay uno que nunca deja de emocionarlo: el amanecer. Ver cómo el sol aparece detrás del cerro Tindirica e ilumina el río y el desayunador del hostal sigue siendo, para él, uno de los mayores privilegios de vivir allí. “Desayunar viendo ese paisaje no tiene precio”, asegura.

Cuando describe Aluminé a quienes todavía no lo conocen, lo resume en tres palabras: paisaje, cultura y tranquilidad. Una combinación que, según observa, responde cada vez más a lo que buscan los viajeros actuales: experiencias auténticas, lejos de las grandes concentraciones turísticas y con una verdadera conexión con el entorno.

Esa misma filosofía guía el trabajo diario del Hostal del Río. Su lema, “un lugar diferente para que te sientas como en casa”, se refleja en una atención personalizada, en la calidez del trato y en una permanente vocación de servicio.

La familia cuida cada aspecto de la experiencia del visitante. Además de brindar alojamiento, Maximiliano pone a disposición su formación profesional para asesorar a los huéspedes, colaborar con la organización de itinerarios y articular con otros prestadores turísticos cuando se trata de coordinar viajes grupales o resolver cuestiones logísticas.

Quienes llegan al hostal destacan especialmente esa atención cercana y familiar. También valoran los espacios comunes que diferencian la propuesta: un amplio parque arbolado con fogones, parrillas y mesas para disfrutar del aire libre durante el verano; un quincho totalmente equipado donde las familias pueden cocinar, compartir un mate o simplemente contemplar el paisaje; y una infraestructura pensada para que cada estadía sea cómoda y relajada.

El establecimiento ofrece habitaciones dobles y triples, además de unidades tipo departamento para cuatro y cinco personas. Cuenta también con una amplia recepción, confitería, estacionamiento cubierto, juegos infantiles y espacios de encuentro que fortalecen ese clima hogareño que caracteriza al lugar.

Aunque muchas de las tareas se resuelven desde el núcleo familiar, el funcionamiento del hostal también es posible gracias a un equipo de trabajo comprometido que comparte los valores con los que nació el emprendimiento. Para Maximiliano, generar empleo local representa una enorme satisfacción y una manera concreta de contribuir al crecimiento de la comunidad.

En ese camino, destaca también el acompañamiento que reciben desde la Provincia y el trabajo conjunto entre el sector público y privado para fortalecer el desarrollo turístico de Aluminé. Considera que las mejoras en infraestructura, especialmente en accesos y conectividad, marcarán un antes y un después para el destino.

Mirando hacia el futuro, los proyectos no se detienen. La familia ya trabaja para ampliar la capacidad del hostal con cuatro nuevas habitaciones y sumar un spa que permita diversificar la propuesta y ofrecer nuevas experiencias a quienes eligen Aluminé durante todo el año.

Con la misma convicción con la que sus padres comenzaron esta historia hace más de dos décadas, Maximiliano continúa apostando por el turismo como motor de desarrollo. Convencido de que Neuquén ofrece enormes oportunidades para quienes quieran invertir y emprender, sostiene que ser anfitrión implica mucho más que recibir visitantes: significa mostrar con orgullo la identidad del territorio, cuidar sus paisajes y compartir con cada viajero aquello que hace único a este rincón de la Patagonia.

Te puede interesar