Inés Arrondo: “Nunca se deja de ser Leona”
La medallista olímpica y madrina del Seven de Hockey de Villa Pehuenia reflexiona sobre el deporte, el trabajo en equipo y el poder transformador de los espacios colectivos.
“Hay identidades que no se retiran nunca”. Inés Arrondo lo dice casi con naturalidad, sentada en uno de los sillones del hall del Hotel Hilton de Neuquén, mientras afuera la ciudad sigue su ritmo de tránsito, reuniones y agendas. Adentro, en cambio, la conversación se mueve hacia otro territorio: el de la memoria deportiva, el equipo y la vida después de la camiseta argentina.
“Creo que no se deja de ser Leona nunca. Mucho de lo que se aprende durante la carrera deportiva nos acompaña toda la vida”.
Arrondo fue parte de una generación que convirtió al hockey argentino en una potencia mundial. Medallista olímpica en Sidney 2000, integrante de uno de los equipos más admirados del deporte argentino, conoce como pocas la intensidad de la alta competencia. Esa vida de entrenamientos, viajes y partidos decisivos que, como ella misma dice, deja una marca difícil de replicar. Pero también pasó por la gestión pública, lo que le permite no solo mirar el deporte desde adentro sino también desde afuera.
“Hay una forma de felicidad que tuvo que ver con jugar a ese nivel. Esa felicidad quedó ahí, en la cancha, en esos partidos contra Holanda o Australia. Sé que esa vivencia no la voy a volver a sentir en otro lugar. Pero lo que permanece no es sólo la memoria de los partidos: lo que queda es el equipo”.
Consultada sobre qué es lo que más extraña de su época de jugadora, afirma: “lo que más se extraña es el equipo en sí. A veces se vive más tiempo con el equipo que con la propia familia. Entrenás todos los días, compartís todo con 26 o 30 personas. Eso genera un vínculo muy fuerte”.
Ese sentido colectivo -la idea de que el deporte es también una comunidad- es justamente uno de los valores que Arrondo encuentra en el Seven de Hockey Mayores de Villa Pehuenia, el torneo del cual es madrina desde hace quince años y qué es acompañado por el gobierno de la provincia del Neuquén.
Entre el viernes 6 y el domingo 8 de marzo, la localidad cordillerana recibirá a 140 jugadoras provenientes de Argentina, Chile y Uruguay, en un certamen que disputará 43 partidos y que con el tiempo se fue convirtiendo en uno de los encuentros más singulares del calendario deportivo regional.
El torneo nació en 2012 como una iniciativa local organizada por el Club Deportivo, Cultural y Social Villa Pehuenia. Lo que empezó como un sueño de un pequeño club de la cordillera fue creciendo con los años hasta transformarse en un evento internacional que combina deporte, paisaje y comunidad, en un lugar donde los lagos y los pehuenes parecen formar parte del propio campo de juego.
Arrondo ha sido testigo de ese crecimiento.
“Lo que tiene de especial este torneo es el entorno y la continuidad. No es sólo un evento deportivo: es un espacio de encuentro, de comunidad, de deporte vivido con alegría”.
El hockey, como tantos deportes colectivos, también tiene para ella otra dimensión: la social. Una dimensión que atraviesa, inevitablemente, la cuestión de género.
“Todavía hay muchas desigualdades -explica-. El feminismo ayudó a poner en evidencia muchas de esas situaciones que estaban naturalizadas. Y el deporte puede ser una herramienta muy valiosa para transformarlas”.
Para muchas mujeres, comenta, el deporte es también un espacio de contención.
“Los deportes en equipo generan comunidad. Y muchas veces son espacios donde las mujeres encuentran un lugar para compartir, fortalecerse y sentirse acompañadas. No se trata sólo de competencia. Se trata de pertenencia”.
En Villa Pehuenia, esa pertenencia tiene además un componente territorial muy fuerte. Un torneo que se juega en la cordillera patagónica, entre lagos y montañas, y que convoca a jugadoras de distintos lugares del país y de Sudamérica.
Un torneo que, con el paso de los años, se convirtió en parte de la identidad deportiva de la región.
Mientras la charla se acerca al final, el hall del hotel vuelve a llenarse de movimiento. Gente que entra, gente que sale, reuniones que empiezan.
Arrondo sonríe cuando vuelve sobre la pregunta inicial, acerca de si una Leona deja de ser Leona en algún momento. “Creo que no. El deporte de alto rendimiento te entrena para tomar decisiones, para trabajar con otros, para enfrentar desafíos. Eso pasa a formar parte de tu ADN. Y te acompaña siempre”.
Tal vez por eso su vínculo con Villa Pehuenia sigue intacto quince años después. Porque algunos partidos se terminan. Pero hay equipos -y lugares- que uno no abandona nunca.
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