miércoles 28 de octubre de 2026

Rosa Valdez, una vida al cuidado de la capilla Nuestra Señora de Lourdes

Junto a su esposo y sus hijos mantiene viva la tarea de cuidar la capilla en el norte neuquino. Entre imágenes, novenas, celebraciones y recuerdos, Rosa es parte de una historia comunitaria que se transmite de generación en generación.

Rosa Valdez, una vida al cuidado de la capilla Nuestra Señora de Lourdes
miércoles 28 de octubre de 2026

En Ailinco, entre los cerros y los extensos paisajes del norte neuquino, Rosa Valdez tiene una tarea que difícilmente pueda separar de su propia historia. Junto a su esposo, Sergio Jorquera, y sus dos hijos cuida la capilla Nuestra Señora de Lourdes. Es un pequeño templo en el que crecieron, formaron una familia y hoy mantienen viva una tradición heredada de sus padres.

“Nosotros empezamos jugando en la capilla, mi esposo y yo”, recuerda Rosa. Aquellos juegos de infancia terminarían convirtiéndose, con los años, en una responsabilidad asumida desde la fe y el afecto por el lugar. Según relata, después de que la familia Urrutia se marchara a Chile, Amable Urrutia confió el cuidado del templo a sus padres y a su suegra. Así comenzó una tarea familiar que atravesó generaciones.

La capilla Nuestra Señora de Lourdes guarda buena parte de la historia del paraje. Sus orígenes se remontan a 1968, cuando Felipe Urrutia cedió un galpón que funcionaba como almacén de campo. Años después, en 1987, el impulso del padre salesiano Ceferino Miase permitió darle forma definitiva al templo.

Desde entonces, la capilla se convirtió en lugar de encuentro para familias, crianceros y fieles de distintos puntos del norte neuquino.

Uno de sus momentos más importantes ocurre cada febrero, cuando se celebra el día de la Virgen de Lourdes. Para entonces, el trabajo comienza mucho antes. Rosa explica que junto con su familia, su hermano y su sobrino durante los primeros días del mes preparan todo para las jornadas centrales del 10 y 11 de febrero. La novena comienza el día 3.

Durante esas fechas, Ailinco cambia su ritmo habitual. Jinetes y fieles llegan para participar de una celebración profundamente arraigada en la identidad de la zona. La noche del 10, las antorchas acompañan el camino hacia el calvario y, al llegar la medianoche, uno de los momentos más emotivos es el saludo a la Virgen.

Al día siguiente tiene lugar la misa central y la comunidad vuelve a reunirse alrededor de la capilla.


Donde comienza un camino de 800 kilómetros

Ailinco es el punto de partida del Camino de la Fe neuquino, un recorrido de unos 800 kilómetros que vincula capillas, sitios religiosos, hitos y expresiones de la espiritualidad desde el norte provincial hasta Villa La Angostura. “Para mí significa mucho que el Camino de la Fe comience en Ailinco”, asegura Rosa.

Rosa habla también de las historias de fe que se fueron acumulando alrededor de Nuestra Señora de Lourdes. “La Virgen ha hecho muchos milagros lindos”, afirma. Quienes llegan hasta la capilla también pueden llevarse agua bendita como recuerdo de su paso por Ailinco.

Durante el verano, Rosa y su familia viven en el paraje, cerca del templo. Allí continúan una tarea que no nació como una obligación, sino como parte de una historia familiar.


Cómo llegar

Ailinco se encuentra al norte de Varvarco, en el departamento Minas. Para llegar al paraje se transita por las rutas provinciales 43 y 54, en un recorrido que atraviesa algunos de los paisajes característicos del Alto Neuquén, entre el valle del río Neuquén, montañas y zonas de veranada.

Allí se encuentra la capilla Nuestra Señora de Lourdes, el punto inicial de un recorrido que se extiende por 800 kilómetros, atraviesa Neuquén y culmina en Villa La Angostura.

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