2026-07-31

Doce tesoros naturales entre volcanes, bosques y estepas

Las Áreas Naturales Protegidas (ANP) constituyen una de las principales herramientas para la conservación del patrimonio natural y cultural de la provincia del Neuquén. Se trata de espacios especialmente destinados a proteger la biodiversidad, los paisajes, las fuentes de agua y los procesos ecológicos esenciales que sostienen la vida, garantizando que estos valores naturales puedan ser disfrutados por las generaciones presentes y futuras.

Esta figura de conservación, reconocida internacionalmente por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se organiza en la provincia a través del Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas, creado por la Ley Provincial 2594. Su objetivo es preservar ecosistemas representativos, proteger especies de flora y fauna, fomentar la investigación científica y la educación ambiental, además de promover actividades compatibles con el desarrollo sostenible.

En un contexto marcado por el cambio climático y la creciente presión sobre los ecosistemas, las áreas protegidas cumplen un papel estratégico. Son verdaderos reservorios de biodiversidad que contribuyen a la regulación del clima, la protección de los suelos, la conservación de las cuencas hídricas y el mantenimiento de los servicios ambientales de los que depende la calidad de vida de las personas.

Actualmente, la provincia cuenta con una red conformada por 12 Áreas Naturales Protegidas Provinciales y 4 Parques Nacionales, que en conjunto resguardan cerca del 12 por ciento del territorio neuquino, consolidando a Neuquén como una de las provincias con mayor superficie destinada a la conservación de sus ambientes naturales.

La primera Área Natural Protegida de jurisdicción provincial fue Copahue, creada en 1962. Con el paso de las décadas se incorporaron Chañy, Batea Mahuida, El Tromen, Epu Lauquen, Domuyo, Cañada Molina, Auca Mahuida, El Mangrullo, Boca del Chimehuin, Cuchillo Cura y Los Bolillos, conformando una red que representa la extraordinaria diversidad de paisajes neuquinos.

Estas áreas preservan ambientes característicos de las cuatro ecorregiones presentes en la provincia: Altos Andes, Bosque Andino Patagónico, Estepa Patagónica y Monte. En ellas se resguardan volcanes, glaciares, lagos, lagunas, ríos, mallines, termas, cavernas y extensos ambientes naturales que albergan una rica diversidad biológica.

También son refugio de especies emblemáticas y, en muchos casos, amenazadas, como el pehuén, el huemul, el pato de los torrentes y la ranita patagónica, junto con numerosas especies de flora y fauna exclusivas de la Patagonia o de distribución muy restringida.

Pero la conservación en Neuquén no sólo protege la naturaleza. Gran parte de las Áreas Naturales Protegidas están habitadas por pobladores rurales, principalmente crianceros y comunidades mapuche, que desarrollan actividades tradicionales como la trashumancia, una práctica ancestral que forma parte de la identidad cultural del norte neuquino y constituye un patrimonio vivo que también merece ser preservado.

La gestión de estos espacios busca armonizar la conservación ambiental con el desarrollo de las comunidades locales, promoviendo actividades productivas compatibles con el cuidado del entorno y fortaleciendo el vínculo entre las personas y el territorio.

Además de su importancia ecológica, las Áreas Naturales Protegidas representan escenarios privilegiados para la investigación científica, la educación ambiental y el turismo de naturaleza. Cada año reciben visitantes interesados en conocer paisajes únicos, observar fauna silvestre, recorrer senderos y descubrir la riqueza natural y cultural que distingue a la provincia.

Conservar estos espacios significa proteger la biodiversidad, asegurar servicios ambientales esenciales y preservar un legado que identifica a Neuquén como una provincia donde la naturaleza, la cultura y el desarrollo sostenible forman parte de una misma visión de futuro.

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