Desde Medio Oriente al mundo: la larga travesía del falafel
Crujiente por fuera, suave por dentro y perfumado con especias, el falafel recorrió miles de kilómetros antes de instalarse en la gastronomía porteña. En el Día Internacional del Falafel, un recorrido por la historia de este clásico.
El falafel no nació en una cocina de moda ni en un restaurante de autor. Su origen se pierde entre las antiguas calles de Medio Oriente, donde generaciones de cocineros transformaron ingredientes humildes en uno de los platos más populares de la región.
Aunque existen distintas teorías sobre su nacimiento, muchos historiadores sitúan sus raíces en Egipto, donde se preparaba una versión elaborada con habas. Con el tiempo, la receta se expandió por países como Siria, Líbano, Palestina, Jordania e Israel, adaptándose a las costumbres y productos de cada lugar. En algunos sitios predominan los garbanzos; en otros, las habas o una combinación de ambas legumbres.
La preparación parece sencilla: garbanzos remojados, ajo, cebolla, perejil, cilantro y especias. Sin embargo, lograr el equilibrio perfecto entre textura y sabor es todo un arte. El resultado son pequeñas croquetas doradas que suelen servirse dentro de un pan pita, acompañadas por hummus, tahini, vegetales frescos y encurtidos.
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